¿Hola? ¿Con el profesor Bardacci? Si dijo él, que no le gustaba que le dijeran profesor y que no atendía llamadas no identificadas, pero que esta vez –por que ya estaba cansado del reposo médico- atendió y aceptó que le cambiaran el titulo que tanto le había costado lograr. Disculpe que lo moleste, dijo ella, es que… Sintió como si una bocanada de aire invadiera sus pulmones. Llevaba tres días en cama, en los que la fiebre lo había tenido al borde del delirio. Respiró fuerte por su nariz, para darse cuenta que no estaba imaginando lo que pasaba. No, no es molestia. Es que… Se acuerda que le dije si podía llamarlo, dijo ella. Si, dijo él y trato de disimular el temblor que recorría su cuerpo. Quedaron en verse en un café sobre Coronel Díaz y Paraguay. Ella llegó –más abrigada de lo que él la había soñado- abrazando sus carpetas. Lo saludo como si nada hubiera pasado. Pidió un café con leche, dos medias lunas y un jugo de naranja exprimido. El, endulzó su café con sacarina y se quedó contemplándola. Pensé que no iba a atender mi llamada, dijo ella. Pensé en que no me ibas a llamar nunca pensó él, pero sus labios no se animaron a pronunciarlo. Es que estuve un poco resfriado, contestó. Después ella sacó sus apuntes y él se ocupó de aclarar las dudas acerca de Teoría y técnica impositiva II.
Se levantó con pocas ganas. Escupió el primer mate, aunque siempre acostumbraba a tomarlo. El gusto amargo del agua -demasiada caliente- se le quedó dando vueltas en la boca y para eso había un solo remedio, otro mate. Ahora si podía decir que estaba despierto. La imagen de su madre colgaba en un cuadro sobre una pared toda amarillenta. La miró y no dijo nada. Acostumbraba a conversar con ella mientras mateaba. A contarle sus planes entre los que siempre aparecía la idea de algún día volver a verla. Imaginaba que bajaba del mismo tren en el que un día partió y que ella lo esperaba con los brazos abiertos y con una sonrisa igual a la foto. Para vos no pasan los años mamá le decía y ella sonreía. Pero hoy no tenia ganas de hablar. Tal vez sería la lluvia a la que nunca se terminó de acostumbrar o los mates cebados demasiados calientes que les refregaban el paladar. Se vio –una vez más- bajando del tren que lo trajo desde su provincia, directo a trabajar en la reparación de vías. Esas mi...
una cita para resolver dudas y que surjan otras nuevas...
ResponderBorrarla fotografía una preciosidad
pienso igual q cordelia
ResponderBorrarCreo que a ella le
ResponderBorrargustaría que el
profesor le resolviera
otro tipo de dudas.
Muy bueno tu olvido VII
Besos
alguien por aqui huele a romanceeeeeee... y esa foto esta muy acorde con una insinuacion, tal como tu relato. que te han quedado perfectas ambas!
ResponderBorrarun abrazote!
Bonito relato e impresionante foto!
ResponderBorrarCon esa fotografía, las dudas se aclaran fácilmente...
ResponderBorrarbesos, Monique.
Y... siempre hay tiempo para "clases particulares"...
ResponderBorrarAbrazo!
Con un cielo tan abrumador todo es posible...
ResponderBorrarUn abrazo