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Para mí, sin hielo


Con Blenders de por medio, el debate comenzó a calentarse, sobretodo a partir de que uno de los participes de la mesa, insinuara que al oficialismo los trataban públicamente de “gorreao”, término este poco reconocido por la Real Academia, pero que suele caer bastante mal a la hora de asignárselo a un vecino común, imagínense, como caerá entonces si se lo achacan a todo un sector político.

Será por eso que la sola mención de la maltratada palabra, calentó tanto el ambiente y algunos miraron –como quien siente vergüenza- a nuestro intendente y pensaron en lo peor. Pero el circunstancial vecino responsable de tamaña afirmación, alcanzó a aclarar a tiempo. No había en el pueblo ningún “pata de lana” , sino que en todos estos meses de campaña, dijo –casi dejando correr una lagrima, por el dolor que le provocaba el relato- nos pasamos diciendo que Julián era el hombre del Presidente y nuestro Presidente, no sin antes leer de quien se trataba, termina poniéndose la gorra de Javi en el acto del turbio. Hecho este que si se hubiera dado en un acto privado, uno podría haberlo asimilado -no sin padecimiento- como parte del juego de la política. Pero no, a nosotros cuando nos gorrean, lo trasmiten hasta por Canal 7, dijo el vecino y abandonó la mesa.

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Cuando miro las fotos de los frigoríficos —ese primer intento de desarrollo industrial, que surgió como complemento del oro blanco que representó la lana ovina—, no me pregunto por qué dejaron de funcionar, porque eso tiene relación con factores externos a nosotros. Lo que me provoca —el entrecruzamiento de fotos de “ estas ruinas, impregnadas de la temporalidad” (1) , que reflejan un momento de la ocupación capitalista del territorio—, es pensar en cómo, el abordaje del pasado, puede ayudarnos a entramar los hilos de un futuro que no deja de ser incierto. ¿Son estas fotos un espejo en el que nos podemos mirar para empezar a reconocernos? Ahí se me aparece, Florida Blanca, ese asentamiento español, que -cuando deciden abandonarlo- lo prenden fuego. Imagino al aónikenk observando esa escena. Ellos que eran nómades por naturaleza, que más tarde sucumbieron frente al proceso de colonización de la tierra, tratando de entender, el porqué de esa destrucción. Pienso tambien en los ...

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Llegué a la escritura motivado por una búsqueda, en principio inconsciente, que se corporizó en mí cuando empecé a tener noción de lo que representaba el haber nacido en un campamento petrolero. Un lugar que, a la vez, era ningún lugar; un hábitat en el que, el único rasgo permanente, estaba conformado por lo provisorio. De hecho, mi permanencia en Cañadón Seco, duró lo que pudo haber durado la convalecencia posparto de mi madre.  La imagino a ella llevándome en brazos, en el transporte de Mottino y Acuña, mezclada entre los obreros que regresaban a Caleta Olivia.  Apenas unas horas de vida tenía y ya formaba parte de un colectivo. Un colectivo de obreros, llegados de todos lados buscando el amparo de eso que se erguía como una sigla que, en ese tiempo, todo lo podía: YPF. —Nacido en Cañadón Seco —decía cuando me preguntaban— y criado en Caleta Olivia —agregaba en el intento de transmitir alguna certeza acerca de mi origen. Empecé a pensar en esto cuando me vine a vivir ...

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Dijo que volvería. Que la esperara. Que su ausencia no se prolongaría más de lo necesario. Que no iba a dejar de pensar en él. Que todo lo que habían imaginado juntos –a su regreso- sería posible. El, imaginó la espera como una pausa en su existencia. Construyó para si un mundo en el que el tiempo no existía.  Alimentó la espera con todo lo que tenía hasta que devino en esperanza. En el barrio todos sabían que lo habían dejado plantado.