Miro y no creo lo que veo. Lo primero que se me ocurre es imaginar una algo parecida a una perla. Decido tocarla y me encuentro que solo es agua. Retiro el dedo y trato de volver la mirada atrás y quedarme con la imagen anterior. Con la sorpresa. Imaginar que esta incipiente planta tomó la precaución de juntar agua para si. Que sabe –de alguna forma que aun nos cuesta entender- que en no mucho tiempo, será un bien escaso. Que junto sus hojas como quien junta sus manos un día de lluvia –luego de una larga sequía- para recoger para si un poco de tan preciado y vital elemento.
Se levantó con pocas ganas. Escupió el primer mate, aunque siempre acostumbraba a tomarlo. El gusto amargo del agua -demasiada caliente- se le quedó dando vueltas en la boca y para eso había un solo remedio, otro mate. Ahora si podía decir que estaba despierto. La imagen de su madre colgaba en un cuadro sobre una pared toda amarillenta. La miró y no dijo nada. Acostumbraba a conversar con ella mientras mateaba. A contarle sus planes entre los que siempre aparecía la idea de algún día volver a verla. Imaginaba que bajaba del mismo tren en el que un día partió y que ella lo esperaba con los brazos abiertos y con una sonrisa igual a la foto. Para vos no pasan los años mamá le decía y ella sonreía. Pero hoy no tenia ganas de hablar. Tal vez sería la lluvia a la que nunca se terminó de acostumbrar o los mates cebados demasiados calientes que les refregaban el paladar. Se vio –una vez más- bajando del tren que lo trajo desde su provincia, directo a trabajar en la reparación de vías. Esas mi...
Y solo son seres vivos, pero aún así en sentido de supervivencia se manifiesta.
ResponderBorrarCreo que en los seres humanos no...
saludos