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Convencional


Amar es una decisión. Parece una afirmación y en parte lo es, pero lo escribo desde la interrogación. Desde la idea de que el amor enceguece, anula y nos vuelve un poco irracionales. De chico, crecí en la idea del amor a Dios, que nos exigía fidelidad a sus preceptos. Un amor, si se quiere, un poco perverso, que nos amenazaba con castigos inconfesables para los que nos dejáramos tentar por los deseos terrenales. Después vino el amor a la patria y a la bandera, amor loco si lo habrá. Juráis defenderla hasta perder la vida y algunos miles de mi generación, la perdieron. Pasé parte de mi infancia y de mi adolescencia con esa idea de amor. Lo demás era sacrilegio. Tal vez sea por eso que nos acostumbramos a ocultar nuestros deseos, a disfrutar a escondidas, a dejarnos invadir por la culpa cuando nuestra imaginación nos proponía ir más allá de lo convencional.

Comentarios

  1. Parece que a más de uno se nos dio por hablar de amor. Por suerte yo, algún día me di cuenta, y ahora lucho por no esconder mis deseos ni amar a nadie ni a nada de una forma que no me sea natural. A veces fracaso, claro. Saludos.

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