Están por llegar. Desde temprano, intentó hacer de este día uno más. Puso unas ramas en la cocina a leña, para alimentar las brasas, que aun perduran de la noche anterior. Preparó unos mates. Encendió la radio y el locutor reiteró una vez más, lo dicho en las últimas emisiones: mensaje para Andrés de la Estancia La que no fue, mañana pasa vehiculo para traerlo a la ciudad, tenga todo preparado. Miró por la ventana, tragó saliva, para no dejarse invadir por esa mezcla de nostalgia y tristeza que dibujaba en su mente el recuerdo de hace veinte años atrás, cuando decidió venir al sur a probar suerte. Pensó en su patrón, que por poco no se muere en el puesto atrapado por una nevada temprana. Pensó, que si él estuviera hoy, esto no pasaría. Maldijo una vez mas a los herederos –a los que nunca conoció- por haber vendido todo, sin siquiera darse una vuelta por el lugar. Cargo el bolso con toda sus pertenencias, tomó el ultimo mate y se subió a la camioneta que con dos bocinazos anunciaba el final de un capitulo mas de la vida de un peón de campo.
Las infaltables gaviotas alborotaban el cielo plomizo sobre un montículo de basura recién depositada por un camión volcador amarillo. Allí, naturalmente, merodeaba el suizo. Y le gustaba robar; pero sus “colegas” del basural no soportaban, aunque al final debían hacerlo, esa costumbre. La ley no escrita era compartir la basura, compartir los espacios. Pero no robarse entre ellos. – El basural del frío Héctor Rodolfo Peña
Una más de tantas vidas que sufrieron lo mismo. Me gustó mucho, vi reflejadas muchas realidades muy conocidas, continúo con la lectura.
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