Ir al contenido principal

Mensaje


Están por llegar. Desde temprano, intentó hacer de este día uno más. Puso unas ramas en la cocina a leña, para alimentar las brasas, que aun perduran de la noche anterior. Preparó unos mates. Encendió la radio y el locutor reiteró una vez más, lo dicho en las últimas emisiones: mensaje para Andrés de la Estancia La que no fue, mañana pasa vehiculo para traerlo a la ciudad, tenga todo preparado. Miró por la ventana, tragó saliva, para no dejarse invadir por esa mezcla de nostalgia y tristeza que dibujaba en su mente el recuerdo de hace veinte años atrás, cuando decidió venir al sur a probar suerte. Pensó en su patrón, que por poco no se muere en el puesto atrapado por una nevada temprana. Pensó, que si él estuviera hoy, esto no pasaría. Maldijo una vez mas a los herederos –a los que nunca conoció- por haber vendido todo, sin siquiera darse una vuelta por el lugar. Cargo el bolso con toda sus pertenencias, tomó el ultimo mate y se subió a la camioneta que con dos bocinazos anunciaba el final de un capitulo mas de la vida de un peón de campo.

Comentarios

  1. Una más de tantas vidas que sufrieron lo mismo. Me gustó mucho, vi reflejadas muchas realidades muy conocidas, continúo con la lectura.

    ResponderBorrar

Publicar un comentario

Entradas más populares de este blog

Sabor amargo

Se levantó con pocas ganas. Escupió el primer mate, aunque siempre acostumbraba a tomarlo. El gusto amargo del agua -demasiada caliente- se le quedó dando vueltas en la boca y para eso había un solo remedio, otro mate. Ahora si podía decir que estaba despierto. La imagen de su madre colgaba en un cuadro sobre una pared toda amarillenta. La miró y no dijo nada. Acostumbraba a conversar con ella mientras mateaba. A contarle sus planes entre los que siempre aparecía la idea de algún día volver a verla. Imaginaba que bajaba del mismo tren en el que un día partió y que ella lo esperaba con los brazos abiertos y con una sonrisa igual a la foto. Para vos no pasan los años mamá le decía y ella sonreía. Pero hoy no tenia ganas de hablar. Tal vez sería la lluvia a la que nunca se terminó de acostumbrar o los mates cebados demasiados calientes que les refregaban el paladar. Se vio –una vez más- bajando del tren que lo trajo desde su provincia, directo a trabajar en la reparación de vías. Esas mi...

Olvido VI

Ella miraba por la ventana. Los rayos iluminaban su rostro y dejaban ver su silueta debajo del camisón blanco. El permanecía sentado en su cama. Su cuarto, en el que había pasado toda su vida, conservaba cada uno de sus recuerdos. Un par de escarpines, que su madre colgó un día en la puerta. El disfraz del hombre araña desplegado sobre una de las paredes. La patineta, que tanto le gustaba usar y con la que un día –al derrapar sobre una cornisa- terminó con un brazo quebrado. Allí estaban, como testimonio de cada momento importante que le había tocado vivir. Todo siempre ordenado, aún hoy -cuando ya había cumplido veintiocho años- por su madre. Ella sonreía. Como agradeciendo el momento que estaban pasando. El, no podía dejar de pensar en como explicarle a sus padres, quien era esa desconocida que ocupaba –casi desnuda- su cuarto. Entonces sintió que llamaban a su puerta ¿Estas bien hijo? Preguntó su madre. Y despertó. Miró a su derredor y todo estaba como si no hubiera estado soñando, ...

Certeza

¿Pero acaso crees que se puede vivir así? Dijo, medio como murmurando para sí, tomó otro trago de vino, apoyó las palmas de sus manos sobre la mesa y con un gesto amenazador y ante la mirada distraída de ella, levantó un poco más la voz ¿De donde sacaste esa idea de que hay que ver el día a día? ¿Qué acaso tengo que estar rindiendo examen cada minuto de nuestra existencia? No, no querida, esto no va a funcionar así. O te comprometes conmigo hasta que la muerte nos separe o esto se termina acá, justo en este preciso momento. Iba a agregar algo más, confiado de que sus palabras estaban encauzando la relación, cuando ella se paró, dio una media vuelta y se marchó.