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Barbijo

Un rostro detrás del barbijo me invita a pasar. Intento hacer como si nada y los nervios me traicionan. Empiezo a toser. Los cuerpos giran automáticamente y ahora veo solo barbijos con ojos. No estoy engripado. Pienso en decirlo, pero no logro conectarme con mi voz para hacérselos saber. Decido salir sin decir una palabra. La calle está vacía. Me froto las manos y cuando las estoy por llevar a mi rostro, recuerdo las recomendaciones. No tocarse nariz, ojos, boca. Empiezo a caminar y la veo venir por el boulevard. Sin detenerme, hago un gesto como para saludarla y me quedo pagando, como cuando llamo al mozo en el café de la esquina ¿No me vio o no me reconoció? Giro para mirarla y su marcha acelerada, ya la distanció considerablemente de mi. Ahí es cuando caigo. Distancia social, es eso, lo escuché varias veces, recomiendan mantener una distancia de no menos de un metro con los demás. Tengo la impresión de que esta gripe va a ser para las relaciones humanas lo que HIV fue para el sexo o tal vez sea lo contrario, tal vez los barbijos sean como las minifaldas de épocas pasadas que invitaban a imaginar. Y los relatos de amor podrán decir: cuando la conocí, llevaba un barbijo rojo…

Comentarios

  1. Ojala no suceda. Pero quién dice, ¿no? Tal vez en verdad haya que mantener una distancia entre la gente. Necesariamente. Un beso, por acá!

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  2. Si Marina, es en referencia a Luis Gruss, ya que son escritos que fuí preparando en un taller que pude realizar con él.

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