Ahí está. Iba a decir inconfundible, pero es todo lo contrario. Mezclado entre las ramas de los sauces, su figura se confunde entre los verde amarillos característicos de muchas plantas en esta época. Llegaron a media mañana y le pusieron color a la jornada. Para verlos nuevamente tendré que organizarme un viaje al Parque Nacional. Allí están todo el año y se mezclan con los turistas que los capturan con sus cámaras y los llevan entre recuerdos de hielos milenarios y bosque nativo de lengas, ñires y notros.
Se levantó con pocas ganas. Escupió el primer mate, aunque siempre acostumbraba a tomarlo. El gusto amargo del agua -demasiada caliente- se le quedó dando vueltas en la boca y para eso había un solo remedio, otro mate. Ahora si podía decir que estaba despierto. La imagen de su madre colgaba en un cuadro sobre una pared toda amarillenta. La miró y no dijo nada. Acostumbraba a conversar con ella mientras mateaba. A contarle sus planes entre los que siempre aparecía la idea de algún día volver a verla. Imaginaba que bajaba del mismo tren en el que un día partió y que ella lo esperaba con los brazos abiertos y con una sonrisa igual a la foto. Para vos no pasan los años mamá le decía y ella sonreía. Pero hoy no tenia ganas de hablar. Tal vez sería la lluvia a la que nunca se terminó de acostumbrar o los mates cebados demasiados calientes que les refregaban el paladar. Se vio –una vez más- bajando del tren que lo trajo desde su provincia, directo a trabajar en la reparación de vías. Esas mi...

Qué lindo, Alberto. Sabés que tuve a Luis Gruss como profesor también. En la escuela de periodismo.
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