Dulce companía

Ausencia


Otra parada más. Esta vez es para ver guanacos. Tomé varias fotos, pero esta es la que mas me impactó. En pocos segundos me sentí como transportado diez mil años para atrás. Los mismos guanacos y en mi lugar, ese otro que los contempla y que registra la imagen para luego dejarla grabada en las cuevas en las que vivía.



A pesar de que pude muchas veces apreciar pinturas rupestres, como la de Cueva de las manos, o las de Punta Walichu: o en Lago Roca, es la primera vez que me pasa esto de percibir el contexto en el que fueron realizadas. Una imagen incompleta que solo en mi imaginación puedo restaurar. El Tehuelche ya no está.



El guanaco parece multiplicarse por miles. En la ruta hay que tomar algunas precauciones para no sufrir un accidente. El verlos cruzar frente a uno es también impactante.


Refugio


Los podemos ver al costado de la ruta. No son muchos y -por su tamaño- hay que estar atentos para captarlos. Este, por su dimensión, me obligó a detener el auto, a bajar y a tomarle una foto. Su altura de más de dos metros y la armonía con la que fue construido es llamativa. Leí por ahí que los los totems  resentaban una especie de identificación de cada clan, tribu o familia y simbolizan un conocimiento muy particular. Desconozco cual habrá sido el motivo de su construcción, que habrá llevado su esfuerzo y su tiempo. Es de imaginar que tal vez haya sido la intemperie patagónica con sus vientos que en esta zona -entre Tres cerros y Puerto San julían- soplan a mas de ciento cuarenta kilómetros por hora, lo que ha impulsado a los trabajadores que reparan la ruta a edificar tan imponente figura, confirmando en parte esa teoría que asegura que los mismos representaban un refugio seguro del alma para protegerla de los peligros.

¿Lobo está?

Quien no ha preguntado alguna vez: ¿Lobo está? Y se ha quedado esperando una respuesta que aliente el juego. Hoy podemos preguntar –de manera no tan inocente- y recibir como respuesta: si, el lobo está. Podemos encontrarlo en gran parte de nuestro litoral marítimo. Al sur de Caleta Olivia, uno puede apreciar los lobos marinos de un pelo, que establecieron una importante colonia, a pesar del hostigamiento al que son sometidos permanentemente.


Al norte de la ciudad, siempre por la ruta nacional tres, uno puede ver los últimos vestigios de lo que alguna vez fue –una Lobería- en la que se los masacró por miles. De mitad de siglo pasado para acá, unos pocos, encontraron refugio en las boyas ubicadas en el muelle petrolero frente a la ciudad. Hoy parecen decididos a asentarse al sur del puerto Caleta Paula.


Cada vez puedo, me gusta visitarlos, sentarme al borde del acantilado y observar como llevan adelante su vida comunitaria. Ver a los machos con su harem de hembras protegiendo su territorio. ¿Que vida de lobos no?


Sin embargo, no todo es tan simple. En esta oportunidad encontré un lobo muerto. Tal vez no supo retirarse a tiempo de una de las tantas peleas que tienen entre los machos para conservar a sus hembras. Quiero pensar que fue así. Que la crónica debiera decir que uno lobo marino de un pelo murió, en una apasionada y fatal batalla.

Existencia



A medida que avanzamos sumergidos en nuestros propios temores, nuestra vida va degradándose. Como el témpano, vamos perdiendo volumen y consistencia. ¿Es esta entrega al caudal natural de la existencia un aporte obligado o es una forma de retornar a ese todo al que innegablemente pertenecemos?

Como témpanos



Nos vamos sumergiendo de a poco ¿Es ese nuestro destino? Ser como un témpano. Mostrar tal vez la parte menos interesante de nosotros. Permanecer ocultos. Jugar el juego inútil de ocultar lo que realmente somos, convencidos de que de esta forma pasaremos nuestra existencia sin riesgos. Que de esta forma seremos menos vulnerables.

Un témpano XIII


El témpano ya no está, victima del calentamiento global, como seguramente argumentará algún ambientalista de los que abundan por estos lugares o como resultado de un proceso natural, desapareció de mi vista. Debí haberle tomado una foto que testimoniara su pasar frente a nosotros, para rememorar algún día, que pasé parte de mi vida en un pueblo frente a un lago surcado por naves de hielo milenario.

Un témpano XII


Pero eso ya pasó, hoy de la villa turística quedan muy pocas cosas, el boom inmobiliario post devaluación y el hecho de ser el lugar de residencia del presidente, arrasaron sin contemplación alguna con lo mucho o poco que teníamos de comunitario. Algunos dicen que hoy vivimos en una ciudad, a mi me queda la sensación de estar cada vez mas en un campamento turístico, en donde lo único que no es provisorio es la vocación lucrativa de los empresarios que sembraron hoteles sin ton ni son por todos lados.

Un témpano XI


Todos se reconocían como parte de la villa turística, con sus conflictos, sus inquietudes, sus temores y esperanza. Nos resultó fácil integrarnos a la comunidad en la que sus habitantes tenían de alguna manera u otra una historia en común. Estaba la gente del pueblo, con una fuerte impronta rural, descendientes de españoles, turcos, yugoeslavos, chilenos, ingleses y algún que otro argentino, que conformaron a principios del siglo veinte, este paraje rural, que apenas superaba los mil quinientos habitantes en la década del ochenta. Por otro lado, estaban los “plumas verde”, que en su mayoría habían llegado a El Calafate, a principios de los noventas, pequeños y medianos emprendedores turísticos, muchos de ellos profesionales jóvenes en busca de nuevas oportunidades. Cuando a la comuna local comenzaron a llegar los pedidos de terrenos, estos decidieron armar un nuevo loteo, lejos de la cuadricula de veinte manzana que hasta ese momento era el vecindario. La lejanía se graficaba de una sola forma, los habían mandado a vivir a “plumas verde” que nos ni mas ni menos que “la concha de la lora”, circunstancia esta que todos fueron asumiendo como parte de una realidad a punto tal que el hoy barrio céntrico es reconocido formalmente como “Pluma verde”. Y así el pueblo, visto de afuera, parecía dividido en dos, no solo por lo geográfico, sino por los intereses que estos nuevos vecinos comenzaban a manifestar, “que a los perros había que castrarlos, que a la basura había que reciclarla, que los caballos no podían pasearse por el pueblo, que no se podían construir hoteles frente al glaciar” y un rosario de demandas, que en muchos casos –no porque no se compartieran- sino por la forma en la se pretendían imponer, generaban disputas publicas que mantenían a toda la población en vilo.

Un témpano X


Durante mis primeros años en El Calafate, disfrutaba mucho del contacto con lo natural, nuestra casa quedaba a un par de km del pueblo y cuando volvía de trabajar, podía pasarme toda la tarde sin que nada ni nadie interrumpieran la lectura de un libro o la ansiada siesta. En el barrio había tres casas habitadas permanentes y una que ocupaba de manera temporaria conocido actor nacional. Fueron cuatro o cinco años, en los que pudimos apreciar la aventura de vivir alejados del mundo.

Un témpano IX


Estoy sentado frente a mi computadora, levanto la vista y veo el témpano, es apenas un punto blanco sobre el lago color turquesa. Su existencia se desvanece para integrarse a la cuenca lacustre que muchos reconocen como una de las reservas más importante de agua dulce del planeta y por la que muchos profetizan, se libraran batallas en un futuro no tan lejano.

Un témpano VIII


A metros de la bahía comencé hace mas de una década a construir mi casa, sobre una vertiente de agua que confirma aquello de porque el barrio lleva el nombre de “Los manantiales”. Sobre la calle “Las Avutardas” uno puede aun hoy verlas pasearse como si desconocieran nuestra presencia. Lo mismo hacen los teros, que vuelven todos los años a anidar en un terreno baldío, de los pocos que quedan por estos lados o las bandurrias, que se refugian en los patios y se pasean señoriales mientras hurgan con sus picos encorvados entre el pasto en busca de alguna lombriz, El lugar conserva la calma de los primeros tiempos, a pesar de que las múltiples construcciones que se hicieron en estos últimos años.

Un témpano VII


Para septiembre, cuando atempera un poco el frió, el hielo desaparece y el lago que a perdido nivel, se lleva de a poco el agua de la bahia, ayudado por los vientos que en esa época suelen soplar con mayor intensidad y la transforman en un espacio árido, cuyo único síntoma de vida lo conforman los remolinos de tierra y las plantas con abrojos que se adhieren a uno al menor roce. Este es el tiempo también en el que retornan las aves, como los cauquenes, luego de haber recorrido miles de kilómetros hacia el norte escapándole al frío, como lo hacen también, muchos de los que trabajan en el turismo, para incorporarse a la actividad. El lugar adquiere con la presencia de las más variadas aves, un clima de fiesta, propio del apareamiento, en el que los machos se disputan la posesión de las hembras, despertando con sus sonidos la vida y dejando atrás la calma que el invierno le impone a este mágico lugar. Los pequeños matorrales y algún pajonal, sirven de refugio para que las aves construyan con paciencia sus nidos, en donde las hembras depositan sus huevos. No van a pasar muchas semanas en lo que uno ya puede encontrarse con las bandadas de teritos corriendo detrás de su madre y los machos que se enfrentan sin temor alguno a las aves rapaces, como el gavilán ceniciento, que suele merodear por la zona. Disfruto mucho de ver a los pichones de cisnes paseando arriba de su madre, que de vez en cuando, de una sacudida los tiran al agua para que aprendan a nadar o a los flamencos que cuando son pichones parecen un plumero sucio y a los pocos meses deslumbras con sus colores rosados.

Un témpano VI



Las primeras nevadas cubren con su manto blanco toda la pista de hielo que nos invita -a los que no somos tan amantes del patinaje- a recorrerla caminando. Recuerdo haberla transitado casi hasta el límite con el lago. Cuando el hielo comienza a crujir, uno sabe que ya no puede avanzar mucho más, sin correr el riesgo de terminar dándose una zambullida en las frías aguas. Riesgo que no vale la pena correr, ya que son pocas las probabilidades de ser rescatado en una circunstancia como esa.

Un témpano V



La Laguna Nimez siempre estuvo más cerca del “viejo calafate” como lo llaman ahora. La expansión urbana sobre la bahía empezó a darse recién a fines de los noventa y muy lentamente. Uno de los pasos importantes que marcó un mayor interés de los vecinos por este espejo de agua, fue en el 2001, cuando se construyó al borde de la misma, una casa de madera sobre pilotes. Allí albergaban unos canobotes. Por un par de temporadas resultaron todo un atractivo para muchos vecinos que nos animamos a remar bahía adentro, cuando el nivel del agua lo permitía. Este proceso de suba del agua dura más o menos hasta abril. Luego, el frío comienza a ser protagonista y estas comienzan a bajar y a sentir de manera más permanente el efecto de los bajo cero que caracterizan a la zona. En invierno, con menos agua, la bahía se congela y las aves dejan su lugar para que las familias de la ciudad y algún turista, puedan disfrutar de una pista natural de patinaje de una ciento cincuenta hectáreas.

Un témpano IV


En verano, cuando los deshielos se acrecientan, el lago crece y desborda hacia la bahía -que permanece hasta ese momento prácticamente seca- para cubrirla lentamente con sus aguas. Para este tiempo la mayor parte de las aves que anidan en la zona ya habrán empollado a sus crías. Así se va conformando un espectáculo compartido por teros, cauquenes, bandurrias, cisnes, coscorobas, patos, flamencos y otras tantas especies que disfrutan de esta guardería que la naturaleza les ofrece generosamente. La bahía, también tiene el status de reserva municipal, pero solo en los papeles, porque no se ven muchas acciones publicas que la resguarden, no solo de los perros que alguna incursión puede hacer un verdadero desastre entre los poyuelos recién nacidos, sino de los desaprensivos “seres humanos” que con sus motos o cuatriciclos, ingresan cuando el agua aun no sube y en una recorrida, destruyen mas de un nido con sus huevos recién puestos. Es cuestión de tiempo me dice un amigo, antes a la laguna Nimez la usábamos para calibrar las carabinas cazando patos, hasta que algún visitante extranjero, sorprendido por nuestra conducta, nos explicaba, no siempre de buena forma, que lo que teníamos era un recurso espectacular, tanto o mas que los glaciares y que en el mundo cada vez hay mas gente dispuesta a poner plata para proteger su hábitat natural.

El témpano III


Entre el lago y la ciudad está la Bahía Redonda, un espejo de agua, cuya existencia está sujeta a las variaciones que sufre el lago, mas al este, la Laguna Nimez que alberga –según dicen los expertos- unas setenta especies distintas de aves y que junto con la bahía son reconocidas como reservas naturales. Por el medio del casco histórico del pueblo cruza el Arroyo Calafate, que desemboca en la bahía con su casi nulo caudal de agua. Este solo adquiere proporciones descontroladas en los meses de deshielo, provocándole a los vecinos ribereños mas de un sobresalto. Pero ese fenómeno solo dura con suerte una semana, luego el caudal disminuye y el arroyo deja de ser noticia. Hasta que algún docente organiza, con los alumnos de la secundaria, su limpieza y levanta alguna consigna ambientalista denunciando la contaminación a la que es sometido, por los que le aportan basura domiciliaria y los deshechos cloacales. O cuando aparece el cuerpo sin vida de algún vagabundo, cuyo hígado no resistió la ultima borrachera y se deja reposar definitivamente a la sombra de algún sauce de los múltiples que crecen a sus orillas.

Un témpano II


A pesar de haber recorrido ya unos ochenta kilómetros, este tiene un tamaño considerable, parece un castillo flotante y su figura va cambiando a medida que avanza impulsado por el viento. Lo tendremos frente a nosotros, con suerte, una semana, hasta que lo perdamos de vista. Seguirá su curso natural, hasta confundirse con las aguas del Lago Argentino y alimentar el torrente en el que nace el majestuoso Río Santa Cruz, que atraviesa toda nuestra provincia para desembocar en el atlántico.

Un témpano



Un témpano navega mansamente por el lago. Desde mi casa lo observo y pienso en lo poco significativo que nos resulta verlo cruzar frente a nosotros. Como -lo que seria espectacular para cualquier ciudad del mundo- a nosotros no nos conmueve, no nos interroga, ni siquiera se nos cruza la idea de aprovecharlo, de sacarle un poco el jugo a esa posibilidad de vivir frente a un lago por el que en gran parte del año cruzan de oeste a este, bloques de hielo milenario provenientes de los glaciares cordilleranos.

La península de magayanoes


El Secretario de turismo de la Provincia fué el primero en tomar postura, dice la noticia y yo digo que para decir lo que dijo se hubiera quedado callado.
  1. “No podemos ponernos a pensar en esto, sino se resuelve la situación jurídica de la península”, dijo Simunovic: Ya está resuelta la cuestión jurídica, solo hay que cumplir con la Ley 786 de parques y se terminó el problema y eso como funcionario debería saberlo.
  2. Agregó que “primero hay que decidir una legislación que proteja la península como queremos y que nos permita hacer una inversión de este tipo”: No es compatible una inversión de este tipo con el status de parque que tiene gran parte de la península, por lo tanto, si quieren avanzar con el proyecto es fácil, manden la ley derogando la 2316 y sus modificatorias y pum par arriba con las inversiones.
  3. Admitió que su área no ha sido consultada aún por el Ejecutivo ni por la Cámara de Diputados: Se supone que el funcionario pertenece al Ejecutivo y que está consustanciado con la política que este lleva adelante y que debería saber que la autoridad de aplicación es el Consejo Agrario Provincial, porque, guste o no, la idea era preservar la península y no hacer de este lugar una plataforma de negocios turísticos.
  4. “Quizás los inconvenientes económicos por los que atraviesa la Provincia no han permitido todavía que sea posible aún debatir sobre el tema”: Si esta ha sido la razón de la falta de debate durante dieciséis años, habrá que esperar sentado, porque nada dice que la economía provincial se vaya a tranquilizar.
  5. “Teniendo una buena situación jurídica y buen control no hay que tener miedo”: Totalmente de acuerdo en este párrafo, tenemos una buena situación jurídica, lo que nunca existió fue un verdadero control del Estado y esto como funcionario del gobierno debería ser su principal preocupación.


Fuente: Prensa Libre

Soñar no cuesta nada


Cansado de juntar retazos de sueños, en un rompecabezas imposible de armar, me dispuse a dormir de otra manera. Si, voy a dormir para soñar y recordar todo, me dije. Terminé la lectura de La Insoportable levedad del ser, de Milan Kundera, un libro que te quita el sueño y me dispuse a descansar. Soy de dormir corrido, pero a medianoche desperté. Lo primero que hice fue pensar en lo que había soñado y no recordaba nada. No puede ser. Siempre soñamos algo. “No es tan fácil soñar como un todo, los sueños son fragmentos por naturaleza. Si te propones soñar como un todo terminas soñando nada. Porque solo la realidad puede ser percibida como un todo. O sueñas o vives tu realidad.” Mientras dormitaba, la voz insistía en darme este mensaje. Ahora dudo si realmente estuve despierto.

Pronóstico




Chubascos de nieve decía el pronóstico. Y era imposible imaginar que el servicio meteorológico acertara. La mañana –que me tuvo a las vueltas haciendo trámites- ni siquiera me obligó a cargar entre manos un abrigo extra. Otro día primaveral me dije. Y así anduve. Pero a media tarde, todo cambió. El viento llegó y con él, el frió cordillerano, que aprovecha y se monta sobre las brisas que nacen en el Pacifico y se refrigeran en las cumbres nevadas, para recordarnos que estamos en la patagonia sur. En donde las cuatro estaciones pueden amarrar en un solo día. Creo que eso es lo que mas me atrapa de este territorio. Lo imprevisible de su clima y de su gente. Si, creo que la gente –por estos lados- también es bastante imprevisible. A veces pasan tiempos –que para algunos resultan eternos- sumergidos en una calma propia de los cementerios y de repente, embravecen y pueden arrasar con todo. No sé que factor climático provocó esta tormenta pasajera, pero intuyo –de alguna manera- que puede despertar las reacciones mas impensadas en nuestra gente.

No creo


No creo en la amistad del faceboock. Es lo que mas rechazo de esta propuesta. Pero estoy en la red social. Y me he encontrado con mucha gente que conozco y a muchos de ellos los considero mis amigos. Pero también encontré mucha gente que no conozco. Que me invita a ser “su amigo”. Porque hay “alguien en común” en la red que nos vincula. Y en la mayoría de los casos acepto la invitación. No por que guarde alguna esperanza de cultivar una nueva amistad. No. Todo lo contrario. Creo que –a esta altura de mi vida- eso ya no va a volver a ocurrir. Acepto la invitación, porque creo que –si aun me queda algo por decir- la red es el mejor medio para hacerme escuchar. Si. De puro egocéntrico que soy, me he sumado a unas cuantas redes sociales. No para mandar sonrisas, abrazos, mimos y cuanto gesto virtual puedan inventar. Ni para completar encuestas, ni ser fans de nadie. Sino para aprovecharme de la oportunidad que me da la red de tener una pancarta virtual -mucho más liviana que las que acostumbraba a levantar en otros tiempos- en la que pueda escribir, para lo que estén dispuestos a leer, lo que se me cante y seguir por la vida real. A veces más aliviado y otras con algo de resquemor por esa cuota de nostalgia que me ataca cuando recuerdo los tiempos en los que no existía la Internet.