A pesar de haber recorrido ya unos ochenta kilómetros, este tiene un tamaño considerable, parece un castillo flotante y su figura va cambiando a medida que avanza impulsado por el viento. Lo tendremos frente a nosotros, con suerte, una semana, hasta que lo perdamos de vista. Seguirá su curso natural, hasta confundirse con las aguas del Lago Argentino y alimentar el torrente en el que nace el majestuoso Río Santa Cruz, que atraviesa toda nuestra provincia para desembocar en el atlántico.
Cuando miro las fotos de los frigoríficos —ese primer intento de desarrollo industrial, que surgió como complemento del oro blanco que representó la lana ovina—, no me pregunto por qué dejaron de funcionar, porque eso tiene relación con factores externos a nosotros. Lo que me provoca —el entrecruzamiento de fotos de “ estas ruinas, impregnadas de la temporalidad” (1) , que reflejan un momento de la ocupación capitalista del territorio—, es pensar en cómo, el abordaje del pasado, puede ayudarnos a entramar los hilos de un futuro que no deja de ser incierto. ¿Son estas fotos un espejo en el que nos podemos mirar para empezar a reconocernos? Ahí se me aparece, Florida Blanca, ese asentamiento español, que -cuando deciden abandonarlo- lo prenden fuego. Imagino al aónikenk observando esa escena. Ellos que eran nómades por naturaleza, que más tarde sucumbieron frente al proceso de colonización de la tierra, tratando de entender, el porqué de esa destrucción. Pienso tambien en los ...
qué increíble espectáculo...
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