Para ser parte del evento llegan delegaciones de distintos pueblos de la provincia y algunas del sur de Chile. Cada una porta su estandarte y se prepara para participar de la ceremonia inaugural. Este es un momento de calma en el predio. La puesta en escena tiene un encanto particular, una de las niñas que ha terminado de bailar en el escenario, se sienta sobre el pasto y deja que su imaginación vuele…
Se levantó con pocas ganas. Escupió el primer mate, aunque siempre acostumbraba a tomarlo. El gusto amargo del agua -demasiada caliente- se le quedó dando vueltas en la boca y para eso había un solo remedio, otro mate. Ahora si podía decir que estaba despierto. La imagen de su madre colgaba en un cuadro sobre una pared toda amarillenta. La miró y no dijo nada. Acostumbraba a conversar con ella mientras mateaba. A contarle sus planes entre los que siempre aparecía la idea de algún día volver a verla. Imaginaba que bajaba del mismo tren en el que un día partió y que ella lo esperaba con los brazos abiertos y con una sonrisa igual a la foto. Para vos no pasan los años mamá le decía y ella sonreía. Pero hoy no tenia ganas de hablar. Tal vez sería la lluvia a la que nunca se terminó de acostumbrar o los mates cebados demasiados calientes que les refregaban el paladar. Se vio –una vez más- bajando del tren que lo trajo desde su provincia, directo a trabajar en la reparación de vías. Esas mi...
El tiempo es veloz, tan veloz para soñar, para amar, para comunicar...
ResponderBorrarAbrazos veloces, Monique.
No hay nada mejor que dejar volar la imaginación...
ResponderBorrarUn beso.