Dulce companía

Isla Solitaria IX

Me cambio el calzado, me arremango el pantalón por encima de las rodillas y empiezo a caminar. El agua –como ya imaginamos- está fría. Las piedras forman como una huella y por momentos siento como si la profundidad me fuera a doblegar. Hago una pausa y trato de calmarme. El color turquesa del lago me indica por donde no ir. Estoy en la mitad del trayecto y ya no quiero volver

2 comentarios: