Dulce companía

Isla Solitaria XVIII

Del otro lado, estoy una vez más frente al Lago Argentino. De espaldas a la ciudad, puedo darme el lujo de no pensar. De olvidar –aunque sea por un momento- todas las preocupaciones lógicas de la vida urbana. Puedo estar, puedo ser, puedo andar en esta geografía sin perturbarla, sin necesidad de apropiarme de ella, respirarla y confundirme un poco en ella sin contaminarla.

3 comentarios:

  1. estar, ser, andar... sin perturbar... como un suspiro...¡que gozada!

    Quedas invitado a mi nueva/vieja morada. Por la anterior ha pasado una especie de tsunami.

    Jasonia (antes tiempo al tiempo)

    ResponderEliminar
  2. HERMOSA AZUL VISIÓN... Y CONFUNDIRTE CON ELLA...

    UN ABRAZO...

    ResponderEliminar
  3. ...

    Mmmmm, ¡que rico!

    Hasta aquí me llegó un pedacito de paz.

    Un beso y abrazo para ti.

    Mafalda

    ResponderEliminar