Dulce companía

Isla Solitaria XVII

Un morro nos invita a subir y aceptamos gustosamente hacerlo. Increíble como –aunque sean pocos metros de elevación- uno siente que se renueva a medida de va logrando altura. También se renueva el entusiasmo por lo que este mirador nos depara.

3 comentarios:

  1. ¡ Que maravilla ! Plantarse en esa cima, recibir el viento en la cara, y mirar pausadamente al eterno horizonte.
    Magnifico!!
    Mil besitos!!!

    ResponderEliminar
  2. cualquier montaña aunque pequeña que sea esconde una preciosa vista...

    Aprovecho para felicitarte este año que ya pronto comieza. Espero que logres los éxitos que anhelas y nos los sigas contando justo aquí...

    un abrazo.

    ResponderEliminar
  3. Feliz navidad a ti tb!

    Que pases unas muy buenas vacaciones!

    Besazooos

    ResponderEliminar