Dulce companía

Isla Solitaria XIII

Comenzamos a subir lentamente, en una pendiente amigable, entre coirones y matas de calafate. Uno puede respirar los aromas de las plantas que a la vez crean una atmósfera agradable y predisponen a sentirse bien. Estamos contentos de estar acá, la isla –solo por hoy- es toda para nosotros. Abandono todos los mecanismos de defensa que la vida urbana nos va incorporando y que cargamos como mochila de reflejos para garantizar nuestra supervivencia en la ciudad. De golpe y sin aviso, con un fuerte aleteo, cuando estoy casi frente a ella, una avutarda abandona frente a mi cara su nido. El susto que me pego no debe ser muy distinto al del ave que aguantó hasta último momento mi aproximación antes de dejar solos a sus huevos. Bordeo el nido y a partir de aquí abandono también la idea de que estamos solos en este lugar y tomo la precaución de no molestar a sus habitantes naturales.

4 comentarios:

  1. nunca estamos solos. en cualquier momento nos acompaña la isla solitaria, padre cielo y la madre roca.

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  2. Espero que esos huevos sobrevivan a la acción humana y a la de la naturaleza.

    Un abrazo

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  3. el nido estaba perfectamente oculto... tiene aspecto de estar muy calentito...

    Abrazos.

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  4. ...

    Yo también me hubiera imaginado el pavor del ave al detectar tu presencia.

    Ojalá no destroce a sus críos, cre saber que son muy celosas a la mirada del hombre.

    Me llevo en la mirada tus imágenes.

    ¡Felices Fiestas!

    Un abrazo fuerte, fuerte.

    Si te caé la navidad y el nuevo año por esos rumbos, disfrútate junto a la naturaleza.

    Muackkk...

    Mafalda

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