Comenzamos a subir lentamente, en una pendiente amigable, entre coirones y matas de calafate. Uno puede respirar los aromas de las plantas que a la vez crean una atmósfera agradable y predisponen a sentirse bien. Estamos contentos de estar acá, la isla –solo por hoy- es toda para nosotros. Abandono todos los mecanismos de defensa que la vida urbana nos va incorporando y que cargamos como mochila de reflejos para garantizar nuestra supervivencia en la ciudad. De golpe y sin aviso, con un fuerte aleteo, cuando estoy casi frente a ella, una avutarda abandona frente a mi cara su nido. El susto que me pego no debe ser muy distinto al del ave que aguantó hasta último momento mi aproximación antes de dejar solos a sus huevos. Bordeo el nido y a partir de aquí abandono también la idea de que estamos solos en este lugar y tomo la precaución de no molestar a sus habitantes naturales.
Cuando miro las fotos de los frigoríficos —ese primer intento de desarrollo industrial, que surgió como complemento del oro blanco que representó la lana ovina—, no me pregunto por qué dejaron de funcionar, porque eso tiene relación con factores externos a nosotros. Lo que me provoca —el entrecruzamiento de fotos de “ estas ruinas, impregnadas de la temporalidad” (1) , que reflejan un momento de la ocupación capitalista del territorio—, es pensar en cómo, el abordaje del pasado, puede ayudarnos a entramar los hilos de un futuro que no deja de ser incierto. ¿Son estas fotos un espejo en el que nos podemos mirar para empezar a reconocernos? Ahí se me aparece, Florida Blanca, ese asentamiento español, que -cuando deciden abandonarlo- lo prenden fuego. Imagino al aónikenk observando esa escena. Ellos que eran nómades por naturaleza, que más tarde sucumbieron frente al proceso de colonización de la tierra, tratando de entender, el porqué de esa destrucción. Pienso tambien en los ...
nunca estamos solos. en cualquier momento nos acompaña la isla solitaria, padre cielo y la madre roca.
ResponderBorrarEspero que esos huevos sobrevivan a la acción humana y a la de la naturaleza.
ResponderBorrarUn abrazo
el nido estaba perfectamente oculto... tiene aspecto de estar muy calentito...
ResponderBorrarAbrazos.
...
ResponderBorrarYo también me hubiera imaginado el pavor del ave al detectar tu presencia.
Ojalá no destroce a sus críos, cre saber que son muy celosas a la mirada del hombre.
Me llevo en la mirada tus imágenes.
¡Felices Fiestas!
Un abrazo fuerte, fuerte.
Si te caé la navidad y el nuevo año por esos rumbos, disfrútate junto a la naturaleza.
Muackkk...
Mafalda