Ante de que autoricen la salida, se toman muchos recaudos. El caballo permanece sujetado al palo y el domador se monta con mucho cuidado. El capataz de campo levanta su mano como señal de que todo está preparado y el presentador toma la posta en el micrófono que hasta ese momento estuvo en manos del payador. Todo parece cronometrado. A un costado los apadrinadores que esperan que suene la campana decretando el fin del tiempo y saldrán al rescate del competidor, siempre y cuando este haya logrado permanecer sobre el animal.
Cuando miro las fotos de los frigoríficos —ese primer intento de desarrollo industrial, que surgió como complemento del oro blanco que representó la lana ovina—, no me pregunto por qué dejaron de funcionar, porque eso tiene relación con factores externos a nosotros. Lo que me provoca —el entrecruzamiento de fotos de “ estas ruinas, impregnadas de la temporalidad” (1) , que reflejan un momento de la ocupación capitalista del territorio—, es pensar en cómo, el abordaje del pasado, puede ayudarnos a entramar los hilos de un futuro que no deja de ser incierto. ¿Son estas fotos un espejo en el que nos podemos mirar para empezar a reconocernos? Ahí se me aparece, Florida Blanca, ese asentamiento español, que -cuando deciden abandonarlo- lo prenden fuego. Imagino al aónikenk observando esa escena. Ellos que eran nómades por naturaleza, que más tarde sucumbieron frente al proceso de colonización de la tierra, tratando de entender, el porqué de esa destrucción. Pienso tambien en los ...
Uy pero que lindo sería ver este espectaculo.
ResponderBorrarUn abrazo
que interesante esta todo esto... bien valdria la pena darse la vuelta por alla al fin que el tiempo es veloz.. ya lo dices tu.. y ha de ser! un beso de finde!
ResponderBorrarHombre y caballo
ResponderBorrarcomo el centauro
a la velocidad
del viento.
Besos
interesante mundo! feliz fin de semana, viajero!
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