Levanto la vista y veo la cruz clavada como una espada en la roca. Recuerdo que hace una década, con la excusa del fin del milenio, surgió la idea de plantar una cruz en la isla como para curarla de su soledad. Los preparativos fueron muy intensos. El 31 de diciembre de mil novecientos noventa y nueve, cuando el reloj diera la ultima campanada, se encenderían los fuegos artificiales detrás de la cruz y el pueblo daría rienda suelta a los festejos. Todos esperamos con ansia ese momento. Levantamos nuestras copas y nos asomamos por la ventana para ver el espectáculo. Debe haber sido una de las noches más frías y ventosas que recuerde para esa fecha. El espectáculo no empezó. De manera esporádica algunas explosiones se dejaban ver, pero nada tenían que ver con lo que se había anunciado. Después aparecieron las llamaradas de fuego. Un espectáculo dantesco rodeo la isla y el festejo se frustró. Los hombres que estaban en ella preparando todo, debieron ser evacuados y no hubo que lamentar victimas. La isla recupero su soledad.
Cuando miro las fotos de los frigoríficos —ese primer intento de desarrollo industrial, que surgió como complemento del oro blanco que representó la lana ovina—, no me pregunto por qué dejaron de funcionar, porque eso tiene relación con factores externos a nosotros. Lo que me provoca —el entrecruzamiento de fotos de “ estas ruinas, impregnadas de la temporalidad” (1) , que reflejan un momento de la ocupación capitalista del territorio—, es pensar en cómo, el abordaje del pasado, puede ayudarnos a entramar los hilos de un futuro que no deja de ser incierto. ¿Son estas fotos un espejo en el que nos podemos mirar para empezar a reconocernos? Ahí se me aparece, Florida Blanca, ese asentamiento español, que -cuando deciden abandonarlo- lo prenden fuego. Imagino al aónikenk observando esa escena. Ellos que eran nómades por naturaleza, que más tarde sucumbieron frente al proceso de colonización de la tierra, tratando de entender, el porqué de esa destrucción. Pienso tambien en los ...
Que tengas muy felices fiestas.
ResponderBorrarUn abrazo muy grande.
La soledad no tiene amigos...
ResponderBorrarUn abrazo