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Isla Solitaria X

Levanto la vista y veo la cruz clavada como una espada en la roca. Recuerdo que hace una década, con la excusa del fin del milenio, surgió la idea de plantar una cruz en la isla como para curarla de su soledad. Los preparativos fueron muy intensos. El 31 de diciembre de mil novecientos noventa y nueve, cuando el reloj diera la ultima campanada, se encenderían los fuegos artificiales detrás de la cruz y el pueblo daría rienda suelta a los festejos. Todos esperamos con ansia ese momento. Levantamos nuestras copas y nos asomamos por la ventana para ver el espectáculo. Debe haber sido una de las noches más frías y ventosas que recuerde para esa fecha. El espectáculo no empezó. De manera esporádica algunas explosiones se dejaban ver, pero nada tenían que ver con lo que se había anunciado. Después aparecieron las llamaradas de fuego. Un espectáculo dantesco rodeo la isla y el festejo se frustró. Los hombres que estaban en ella preparando todo, debieron ser evacuados y no hubo que lamentar victimas. La isla recupero su soledad.

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