Siempre está presente. Aunque a veces la bruma de invierno la cubra como con un velo, ella está ahí. Frente a nosotros, cerca de la costa, frente a la ciudad, sumergida en el lago. Alguna vez alguien me insinuó que su imagen recordaba a la Isla negra de Neruda, pero no, esa comparación me pareció un exceso. Ella es –ni más, ni menos- la Isla Solitaria. El hermano viento nos regala hoy un día de calma. Faltan pocos días para el verano y recién hoy podemos decir que tenemos un día primaveral. Hemos visto que la franja que separa la bahía del lago, está ya dibujada sobre el horizonte y nos decimos que este es el momento para intentar hacerle un poco de compañía. Para mitigar esa soledad a la que -uno imagina- la han condenado los movimientos de la madre tierra.
¿Pero acaso crees que se puede vivir así? Dijo, medio como murmurando para sí, tomó otro trago de vino, apoyó las palmas de sus manos sobre la mesa y con un gesto amenazador y ante la mirada distraída de ella, levantó un poco más la voz ¿De donde sacaste esa idea de que hay que ver el día a día? ¿Qué acaso tengo que estar rindiendo examen cada minuto de nuestra existencia? No, no querida, esto no va a funcionar así. O te comprometes conmigo hasta que la muerte nos separe o esto se termina acá, justo en este preciso momento. Iba a agregar algo más, confiado de que sus palabras estaban encauzando la relación, cuando ella se paró, dio una media vuelta y se marchó.
Que lindo para preparar el mate y pasar la tarde en esa isla solitaria.
ResponderBorrarUn beso :)
Soy capaz de transportarme a esa Isla sin salir de casa.
ResponderBorrarUn abrazo
Un paisaje precioso, y lleno de tranquilidad.
ResponderBorrarUn beso.