Dulce companía

1810-2006 “Cambiar de collar o dejar de ser perro”


El dilema sigue siendo el mismo, no eran muchos los que creían posible conformar una Nueva y Gloriosa Nación, en aquel Mayo de 1810, cansados del monopolio español, algunos comerciantes aspiraban a desprenderse de la colonia española, para encuadrarse en la inglesa o en la francesa.

Otros, los más audaces, comenzaban a imaginar los primeros pasos que culminarían en la reunión de Tucumán, seis años después, declarando la Independencia de toda potencia extranjera e iniciando el proceso histórico, que derivó en la sanción de nuestra Constitución Nacional en 1853.-

A solo cuatro años del Bicentenario de la Revolución de Mayo, el dilema de la Argentina, sigue siendo el mismo, “Cambiar de collar o dejar de ser perro”, aplicable también a nuestra realidad, en la que, frente a los atropellos públicos, todavía quedan vecinos, decididos a ejercer sus derechos ciudadanos y que repitiendo aquella consigna “El pueblo quiere saber de que se trata”, salieron a la calle y juntaron más de novecientas firmas en defensa del Parque Manuel Belgrano, logrando hacer retroceder a al jefe comunal. Aunque nuestro Intendente Municipal los trate de los “Caretas de siempre”, los novecientos vecinos que firmaron el petitorio, nos dieron a todos, una pauta, de que es posible cambiar el rumbo en nuestra comunidad y que nuestra sociedad no está tan desmembrada como el imagina.

También es bueno recordar, que muchas fueron las acciones comunitarias de los que -como dice Méndez- “caretas que se oponen a todo”. Y si es cierto, se opusieron a que hubiera hoteles en Península de Magallanes, a que Pérez Companc explotara hidrocarburos en cercanías al Parque Nacional y del Lago Argentino, a que la ciudad creciera sin un Plan de desarrollo y seguramente, se seguirán oponiendo, a toda las desatinadas decisiones que se intenten imponer desde la racionalidad que guía los actos de nuestro jefe comunal.

Y si bien es cierto que sus afirmaciones rozan el agravio, no es menos cierto también –como contrapartida- de que no hay mejor homenaje –sobre todo para los que hoy, no están físicamente- que en nuestro pueblo haya vecinos dispuestos a pelear por un espacio verde.

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