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Como un faro en alta mar


Mucho se habló en la última década sobre la necesidad de que nuestra ciudad tuviera un plan estratégico y lamentablemente debemos decir que, es muy poco lo que en ese sentido se ha logrado avanzar. Inexplicable el silencio de la Cámara de comercio local y de algunos empresarios que se desgarraban las envestiduras –no hace mucho tiempo- señalando la necesidad de llevar adelante el mismo.

Debemos decir que a través de el plan estratégico, se busca profundizar la democracia en las ciudades del nuevo milenio, la organización y la participación de la ciudadanía son un capital social, que puede contribuir correspondientemente con las autoridades electas a mejorar la calidad de vida.

Experiencias de diferentes formas de participación ciudadana (tanto de información, como de consulta y decisión) que se han incorporado en los procesos de democratización de los aparatos o instituciones del estado, permiten hacer del espacio estatal, un espacio público, creando nuevas bases para una gobernabilidad democrática.
Según afirman los especialistas en el tema “El Plan Estratégico debe abarcar todos los aspectos de la ciudad: educativos, culturales, económicos, sociales, asociativos y territoriales. Su acción se desarrolla no solo en todo el territorio, sino para todo el territorio. Es un plan sistémico que afecta al ciudadano en toda su integridad, desde todos los puntos de vista y en todos los matices”.
Pero no solo es competencia de un Plan Estratégico discernir las debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades, de la ciudad. Tampoco es, solamente, determinar objetivos futuros de actuación colectiva. Es un plan de acción. Su éxito consiste en concertar las estrategias de las entidades y las empresas que tienen capacidad y recursos para incidir mediante su actuación sobre el progreso de la ciudad.
En resumen, el Plan estratégico es un instrumento de planificación que, partiendo de la realidad inmediata, mediante la participación, la colaboración y el compromiso de todos los actores interesados, diseñe una visión integral sobre la cuidad que queremos construir, con objetivos clave que, ejecutados en los plazos previstos, consigan alcanzar los niveles de calidad de vida deseadas por la ciudadanía.
Es un verdadero plan de acción, elaborado de forma participativa, como una guía dinámica y flexible del trabajo, hacia el desarrollo integral de cada zona, para los próximos 10 años, como un faro en alta mar.

En el trabajo cotidiano, la planificación estratégica es un espacio de encuentro entre el gobierno local y la ciudadanía. Es el ámbito de dialogo en el que se debaten los lineamientos a seguir en el armado de las políticas públicas de cada ciudad. En este sentido, su principal objetivo es el de promover la participación ciudadana en la elaboración y definición de la gestión de gobierno. El Plan Estratégico es, en pocas palabras, una nueva forma de administración del gobierno basada en el consenso y la participación colectiva.
Por otro lado, es un espacio que pretende trascender los gobiernos y a los nombres propios para transformarse en una herramienta fundamental del desarrollo local. Es, además, un proceso continuo de reflexión y debate sobre la ciudad, sobre su realidad actual y cómo debería ser según el parecer de sus habitantes.
Los principios básicos de la planificación estratégica son: la participación ciudadana, el trabajo conjunto entre el sector público y el privado, el debate democrático, la búsqueda de consensos y el compromiso de acción. La finalidad de todo plan estratégico es desarrollar las capacidades de los agentes políticos, sociales, económicos y culturales de la ciudad.

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