Dulce companía

“… y todo sería cierto si ya nada era distinto.”


No hubo periódico que no lo difundiera: la policía religiosa de los talibanes fijó, en el año 99, un plazo de dos semanas a los afganos que habitaban las regiones bajo su control, para deshacerse de sus televisores, videos y antenas parabólicas. “Las películas y la música –explicó Radio Charia- conducen a la corrupción moral”, y sus voceros precisaron que se incautarían y destruirían todos los transmisores una vez agotado el plazo establecido.
La noticia me recordó de inmediato un episodio familiar. Cuando mi hija Julia tenía tres años, la vi ensayar un día varios trazos sucesivos con un marcador de color verde. Sin ningún resultado, lo hacía ir y venir sobre el papel: la tinta no fluía. Desencantada, me lo extendió diciéndome: “Tomá, papi. Esta lapicera no sabe dibujar”.
Volvió a mi memoria luego la enseñanza reiterada de la historia: vi una vez más a los judíos abandonando en masa las ciudades españolas, a los protestantes desangrados en la noche de San Bartolomé, a los católicos de Belfast quebrantados por el odio protestante. Enseñanza vana, en verdad, porque la ley taliban, remozada por la vitalidad de un dogmatismo que no conoce desmayos, aunque si clientelas de las más diversas, decretaba ahora lo que ayer se decretó y lo que no hay por qué presumir que no se decretará mañana: que el otro encarna el mal, que es siempre el otro quien nos envilece y que su drástica erradicación redundará en el retorno al Edén; que la verdad no es sino lo que uno cree, siempre que ese uno seamos nosotros y que los demás, en tanto no coinciden con nosotros, sean la inconfundible encarnación del mal.
Es de buena ley preguntarse, antes de internar la reflexión por esta senda, quien entre nosotros, aquí en Occidente, no soñó alguna vez (y en realidad más de una) con un decreto de nítido corte talibanés que sentenciara a muerte a la televisión, es decir a ese canal por el que corre la inmundicia audiovisual y que tanto a contribuido a hacer de la ciudadanía un tropel de ovejas inermes o de espíritus carroñeros que se deleitan con la podredumbre como si se tratara de un bien.
Pero luego de imaginar con deleite maniqueo ese instante de redención terminal, no tardamos de recapacitar y advertir que los objetos que hoy nos empobrecen pueden llegar a ser mañana, sino fecundos, al menos inofensivos. Que el mal rara vez está en las cosas y si, casi siempre, en las políticas que administran su empleo, y que el totalitarismo lo posterga todo sin resolver nada mientras silencia a palos lo que es incapaz de transformar con buen criterio. En otros términos: la ley talibana decretaba que si se había infectado el dedo, debería cortarse el brazo. Y el reino que así se instauró, al rendir culto implacable al dogmatismo, lo hizo, a la vez, al sacrosanto valor de lo idéntico. Ninguna disonancia, ningún lapsus que vulnere el sistema. La uniformidad tenía que imperar por doquier y todo sería cierto si ya nada era distinto
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Santiago Kovadloff – Ensayos de Intimidad – Devotos del espejo – Emece Ensayos

No es la primera vez que nuestro Intendente Municipal Néstor Méndez dispara sus dardos hacia los medios de comunicación locales, responsabilizándolos de –como poco- arriar a la gente hacia los caminos de la confrontación con sus ideas e iniciativas.
Dado lo reiterado de su comportamiento, consideré oportuno transcribir este párrafo de un hermoso libro, de Santiago Kovadloff, que si bien nos recuerda un hecho extremo, acontecido en la cuna del fundamentalismo, no deja de ser una referencia interesante para reflexionar sobre la conducta de nuestro representante oficial

“El Intendente Néstor Méndez por su parte, habló en programa Ahora Calafate del tema, y se mostró molesto por la oposición que generó el proyecto. El mandatario nuevamente apuntó al periodismo haciéndolo responsable de “generar una corriente” de rechazo a la idea, sin siquiera conocer el proyecto.Méndez dijo que aun tiene que venir el autor del anteproyecto del Parque Temático a presentar oficialmente la idea al HCD, y ya se comienza a generar desde el mismo estado periodístico una corriente”, cuestionando porqué lo van a hacer, y “nadie conoce el proyecto, nadie me pidió ver el proyecto”, criticó.” FM Dimensión

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