Dulce companía

Nuevos caminos


No bajan los brazos, los que se proponen, como meta estratégica para la región. la apertura de un camino de vinculación entre El Parque Nacional “Los Glaciares” y el Parque Nacional “Torres del Payne” y no poca fue la sorpresa de la comunidad frente a la noticia de que un grupo de técnicos procedentes de San Juan se encuentran en nuestra comunidad contratados por Vialidad Provincial, con el propósito de iniciar los estudios de apertura de dicha traza.

No vamos a hacer ninguna consideración sobre los pro y los contra de esta iniciativa, que fuera ampliamente discutida en estos últimos meses y que quedó a la espera de que se concrete la Audiencia Publica, propuesta desde el Concejo Deliberante, para profundizar comunitariamente -pueblo y gobierno- sobre la viabilidad del proyecto promocionado por Néstor Méndez y Asoc.

Lo que si nos parece oportuno señalar, es que, el intento de avance sobre el área natural, se produce en un momento en el que desde el Presidente hacia abajo, pasando por el Gobernador y los distintos estamentos gubernamentales, se está consolidando un discurso sobre la importancia del medio ambiente y sobre la necesidad de no concretar proyectos que atenten, degraden o pongan en peligro los recursos naturales, será hora también de esperar que dichos discursos se traduzcan en acciones.

Todavía estamos a tiempo de cambiar de camino y no seguir la huella de los que nos quieren llevar por la tortuosa senda de la frustación, para ello nada mejor que una buena lectura que nos haga reflexionar un poco:

“Un día, un burro atravesó un bosque virgen para volver a su pastura. Como era un animal y no podía darse cuenta, abrió un sendero tortuoso, lleno de curvas, subiendo y bajando colinas para llegar donde quería. Al día siguiente, un perro usó ese mismo sendero para atravesar el bosque. Después fue el turno de un carnero, jefe de un rebaño, que viendo el camino marcado hizo a sus compañeros seguir por allí. Más tarde, los hombres comenzaron a usar ese sendero: entraban y salían, giraban a la derecha y a la izquierda, descendían, se desviaban de obstáculos, quejándose y maldiciendo, con toda razón. Pero no hacían nada para crear una nueva alternativa. Después de tanto uso, el sendero acabó convertido en un amplio camino donde los pobres animales se cansaban bajo pesadas cargas, obligados a recorrer en tres horas una distancia que podría haber sido vencida en treinta minutos, si no hubieran seguido el sendero abierto por el burro.Pasaron muchos años y el camino se convirtió en la calle principal del poblado y, finalmente, en la avenida principal de la ciudad. Todos se quejaban del trayecto porque peor no podía ser. Mientras tanto, el sabio bosque se reía, al ver que los humanos tienen la tendencia a seguir ciegamente los caminos que ya han sido abiertos, sin cuestionarse nunca si esa es la mejor elección.”Pablo Cohelo

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