El descanso ha sido reparador. El desayuno acorde par afrontar una jornada intensa. Al margen de ello vamos a preparar una vianda, para no exigirnos en las diez horas de caminata que nos esperan. Asomo por la ventana y veo caer copos de nieve que flotan en el aire como ceniza. Es temprano y la temperatura no supera los dos grados sobre cero. Cuando llegue a cuatro grados partimos, digo, como para darme entusiasmo. El cielo esta cubierto por una nube gris y no muestra ningún síntoma de que vaya a cambiar. Teníamos el propósito de caminar hasta la Laguna de los tres para aproximarnos al Monte Fitz Roy. Los setecientos metros de desnivel que tendremos que ascender son –por ahora nuestra principal preocupación. Ya estamos parados frente al cartel que nos indica hacia donde vamos. Para sorpresa nuestra, muchos han partido ya.
¿Pero acaso crees que se puede vivir así? Dijo, medio como murmurando para sí, tomó otro trago de vino, apoyó las palmas de sus manos sobre la mesa y con un gesto amenazador y ante la mirada distraída de ella, levantó un poco más la voz ¿De donde sacaste esa idea de que hay que ver el día a día? ¿Qué acaso tengo que estar rindiendo examen cada minuto de nuestra existencia? No, no querida, esto no va a funcionar así. O te comprometes conmigo hasta que la muerte nos separe o esto se termina acá, justo en este preciso momento. Iba a agregar algo más, confiado de que sus palabras estaban encauzando la relación, cuando ella se paró, dio una media vuelta y se marchó.
Espero que entre la Madre Roca i el Padre Cielo, encontreis en es excursión un Hijo Sendero, o un Hermano Sol. sin bromas. Os envidio sanamente!.
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