Llegamos a la Laguna Capri. Hacemos una pausa, para contemplar el escenario. Una ligera brisa nos abraza y provoca en ella un tenue oleaje. Las condiciones climáticas no parecen querer cambiar, todo lo contrario, el andar tiende a dificultarse. Sabemos que el trayecto que nos queda hasta el Campamento Poincenot no tiene tanta pendiente y decidimos continuar.
Se levantó con pocas ganas. Escupió el primer mate, aunque siempre acostumbraba a tomarlo. El gusto amargo del agua -demasiada caliente- se le quedó dando vueltas en la boca y para eso había un solo remedio, otro mate. Ahora si podía decir que estaba despierto. La imagen de su madre colgaba en un cuadro sobre una pared toda amarillenta. La miró y no dijo nada. Acostumbraba a conversar con ella mientras mateaba. A contarle sus planes entre los que siempre aparecía la idea de algún día volver a verla. Imaginaba que bajaba del mismo tren en el que un día partió y que ella lo esperaba con los brazos abiertos y con una sonrisa igual a la foto. Para vos no pasan los años mamá le decía y ella sonreía. Pero hoy no tenia ganas de hablar. Tal vez sería la lluvia a la que nunca se terminó de acostumbrar o los mates cebados demasiados calientes que les refregaban el paladar. Se vio –una vez más- bajando del tren que lo trajo desde su provincia, directo a trabajar en la reparación de vías. Esas mi...
Agradezco todos los comentarios, algunos son muy ocurrentes y despiertan en mi ideas para seguir escribiendo. Creo que la magia del blog pasa un poco por ahí. Hacen que un fragmento perdido en la red encuentre en otros la ilusión de pertenecer a un todo. Aunque sea –ese todo- una utopía, es lo nos hace seguir…
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