Llegamos a la Laguna Capri. Hacemos una pausa, para contemplar el escenario. Una ligera brisa nos abraza y provoca en ella un tenue oleaje. Las condiciones climáticas no parecen querer cambiar, todo lo contrario, el andar tiende a dificultarse. Sabemos que el trayecto que nos queda hasta el Campamento Poincenot no tiene tanta pendiente y decidimos continuar.
¿Pero acaso crees que se puede vivir así? Dijo, medio como murmurando para sí, tomó otro trago de vino, apoyó las palmas de sus manos sobre la mesa y con un gesto amenazador y ante la mirada distraída de ella, levantó un poco más la voz ¿De donde sacaste esa idea de que hay que ver el día a día? ¿Qué acaso tengo que estar rindiendo examen cada minuto de nuestra existencia? No, no querida, esto no va a funcionar así. O te comprometes conmigo hasta que la muerte nos separe o esto se termina acá, justo en este preciso momento. Iba a agregar algo más, confiado de que sus palabras estaban encauzando la relación, cuando ella se paró, dio una media vuelta y se marchó.
Agradezco todos los comentarios, algunos son muy ocurrentes y despiertan en mi ideas para seguir escribiendo. Creo que la magia del blog pasa un poco por ahí. Hacen que un fragmento perdido en la red encuentre en otros la ilusión de pertenecer a un todo. Aunque sea –ese todo- una utopía, es lo nos hace seguir…
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