El descenso de los cuatrocientos metros nos pone más rápido de lo que imaginamos de nuevo con los pies sobre la tierra. Emprendemos el regreso hacia El Chaltén. Allí nos espera una ducha caliente y una cerveza artesanal como para empezar a terminar la jornada. Más tarde, degustaremos –como para ponerle un broche de oro a la jornada- un porción de cordero en una suave salsa de menta rociado con un noble cabernet y a dormir, que aun nos queda otra jornada en la que intentaremos aproximarnos al Monte Fitz Roy y sus agujas periféricas.
Se levantó con pocas ganas. Escupió el primer mate, aunque siempre acostumbraba a tomarlo. El gusto amargo del agua -demasiada caliente- se le quedó dando vueltas en la boca y para eso había un solo remedio, otro mate. Ahora si podía decir que estaba despierto. La imagen de su madre colgaba en un cuadro sobre una pared toda amarillenta. La miró y no dijo nada. Acostumbraba a conversar con ella mientras mateaba. A contarle sus planes entre los que siempre aparecía la idea de algún día volver a verla. Imaginaba que bajaba del mismo tren en el que un día partió y que ella lo esperaba con los brazos abiertos y con una sonrisa igual a la foto. Para vos no pasan los años mamá le decía y ella sonreía. Pero hoy no tenia ganas de hablar. Tal vez sería la lluvia a la que nunca se terminó de acostumbrar o los mates cebados demasiados calientes que les refregaban el paladar. Se vio –una vez más- bajando del tren que lo trajo desde su provincia, directo a trabajar en la reparación de vías. Esas mi...
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ResponderBorrarHace algunos meses unas amigas visitaron tu país.
Días después a su regreso y emocionadas, me mostraron sus fotos. Me quedé pasmada con los glaciares, son ipresionantes y bellos.
De tus fotos, muchas me gustaron, las iniciales donde el destino se mira lejano y al mismo tiempo tan cercano. Tu narración de la caminata, el encuentro y diálogo con la naturaleza.
La que más me gustó es donde estás admirando el lago, es maravillosa.
Lindo tu país.
Gracias por las imágenes.
Mafalda
los pies en la tierra y un noble cabernet. qué grandes amigos.
ResponderBorrarabrazo.
Aun sigo bajo los efecgtos de la envidia sana, Saludos!
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