Poincenot alberga varias carpas. Algunos de los visitantes improvisan un picnic entre los troncos. Los imitamos y hacemos una pausa para consumir nuestra vianda. Nuestra cabeza se enfría y los pensamientos vuelven a ocupar su lugar. Es suficiente, hasta acá llegamos, tienes que tener en cuenta la horas que te llevará el regreso. Por frente nuestro, mientras conversamos sobre que hacer, pasan dos personas mayores que nosotros. No hacen pausa, no consumen su vianda, siguen como hipnotizados hacia la montaña. Nos miramos y medio como coro nos decimos: sigamos, hasta donde lleguemos.
Se levantó con pocas ganas. Escupió el primer mate, aunque siempre acostumbraba a tomarlo. El gusto amargo del agua -demasiada caliente- se le quedó dando vueltas en la boca y para eso había un solo remedio, otro mate. Ahora si podía decir que estaba despierto. La imagen de su madre colgaba en un cuadro sobre una pared toda amarillenta. La miró y no dijo nada. Acostumbraba a conversar con ella mientras mateaba. A contarle sus planes entre los que siempre aparecía la idea de algún día volver a verla. Imaginaba que bajaba del mismo tren en el que un día partió y que ella lo esperaba con los brazos abiertos y con una sonrisa igual a la foto. Para vos no pasan los años mamá le decía y ella sonreía. Pero hoy no tenia ganas de hablar. Tal vez sería la lluvia a la que nunca se terminó de acostumbrar o los mates cebados demasiados calientes que les refregaban el paladar. Se vio –una vez más- bajando del tren que lo trajo desde su provincia, directo a trabajar en la reparación de vías. Esas mi...
Hola Noesperesnada...ante todo, gracias por visitarme, un placer.
ResponderBorrarTe dire que he leido las 6 partes de Padre cielo y me ha encantado.
Que lugares mas bellos.
Con tu permiso, me quedare paseando por estos senderos.
Mil besitos!!!