El sendero nos va permitiendo entrar en contacto con el bosque nativo de lengas. A la par de él corre un arroyo cristalino. No imaginamos aun desde donde proviene. A medida que subimos comenzamos a encontrar nieve que la tenue primavera no ha logrado disipar. Un aroma parecido a cuando uno termina de cortar su pasto impregna todo el ambiente. Mis pulmones comienzan a sentir un poco la presión de la altura. Hago una pausa y cuando giro para sentarme sobre un árbol caído, puedo contemplar –a mitad del trayecto- la majestuosidad del paisaje.
¿Pero acaso crees que se puede vivir así? Dijo, medio como murmurando para sí, tomó otro trago de vino, apoyó las palmas de sus manos sobre la mesa y con un gesto amenazador y ante la mirada distraída de ella, levantó un poco más la voz ¿De donde sacaste esa idea de que hay que ver el día a día? ¿Qué acaso tengo que estar rindiendo examen cada minuto de nuestra existencia? No, no querida, esto no va a funcionar así. O te comprometes conmigo hasta que la muerte nos separe o esto se termina acá, justo en este preciso momento. Iba a agregar algo más, confiado de que sus palabras estaban encauzando la relación, cuando ella se paró, dio una media vuelta y se marchó.
una foto magnifica
ResponderBorrarsensación sin duda de sentirse bien, cómodo entre tanta belleza. Espacios infinitos y anchos donde perder primero la vista y luego los pasos...
ResponderBorrarDe alguna forma yo también percibo la llegada de la primavera, aunque aquí lo que se avecina es el oscuro invierno.
Abrazos.
Y lo grandioso que es el universo...
ResponderBorrarbesotes de esta peke.
pd. te espero por mi rincon con una taza de cafe caliente, siempre que quieras...
No tengo mas adjetivos! soberbia la madre Piedra, desde donde la mires.
ResponderBorrarCon ebrazo con envidia sana.
parece como si fuera un cuadro de anime japones, los colres intensos y puros.. es precioso.
ResponderBorrargracias pro compartirlo.
abrazos
Ohhhhhh, que bonitas fotos y que lejos estoy.
ResponderBorrarUn saludo.